Archive for Julio, 2009
Mi retiro espiritual
Ya sé que escribo poco. Incluso a veces no escribo nada. Tengo a mis lectores abandonados, descuidados. Mi vida en general está así.
Muchos pensarán: ‘Joder, cómo se toca los cojones este tío’. He de reconocer que en un alto porcentaje, esa apreciación es cierta, pero no en su completa totalidad. Últimamente tengo ciertos proyectos en la cabeza que me atormentan un poco y me chupan mucho tiempo (…). Algunos ya los conocéis, otros no. Otros simplemente sois lectores de paso que habéis llegado aquí por error, casualidad o porque nadie sabe cómo, Google os ha traído hasta aquí. El proyecto al que me refería es ciertamente ambicioso, una web sobre Formula 1: Informula1.
En cualquier caso, no escribía para hacerme publicidad. Escribía para aclarar lo que dice el título: Ha llegado la hora de mi retiro espiritual. Esta es la parte que confirma que sí, que me toco mucho los cojones. Me voy a desconectar, a no saber nada de nadie. No visitéis el blog, no me llaméis. Realmente me voy a desconectar. Y cuando vuelva, no me pregunteis; simplemente es mi retiro espiritual. Tampoco me contéis vuestras mierdas. Espero que lo paséis muy bien con los vuestros, o con quien sea, pero no conmigo. Paso de mensajes por el Tuenti, por el Facebook o por el culo.
Estaré 20 días desconectado, sin saber nada. En serio, no entréis al blog. Vais a seguir encontrando la misma mierda que estás leyendo ahora mismo. Espero que os vaya bonito, y nos vemos dentro de más o menos 20 días (digo más o menos, porque igual tardo unos días en actualizar desde que vuelva).
Y a quien no le guste, que no entre más. Este es mi rincón, no gano nada con él, y lo cuido como quiero.
Un abrazo fuerte a todos y sean felices.
PD: Es importante que recordeis que no quiero saber nada estos días. Sólo llamame si pasa algo muy importante. Si estás leyendo esto y no sabes mi número, es porque no te hace falta; tú no me llames.
Lope de Vega, 16
Llegué tarde a mi cita como ya era habitual. Una quedada de amigos más. “Vamos a tomar unas copas que hace tiempo que no nos vemos” me dijeron la noche anterior. Entré en el local, busqué la mesa de mis amigos, pero sólo le vi a ella. Su cabello oscuro casi hasta media espalda. Su vestido largo como en los buenos tiempos. Sus ojos rasgados que le permitían ocultar su profunda mirada. Parecía que nada había cambiado. Ella igual de imponente que siempre. Yo igual de nervioso que la primera vez. Incluso el olor a sudor veraniego me recordaba a aquellas noches en la playa con los amigos. La había conocido en el instituto, y desde entonces, me enamoré de ella. Miré el reloj. Media hora tarde. Pedí una cerveza y me acerqué a la mesa. Saludé, y me apresuré a sentarme en una esquina intentando no exponer mi miedo. Algo dentro de mí me quemaba, y he de reconocer que jamás una cerveza fría me había aliviado tanto. Intenté apagar mi temor, seguir la conversación con normalidad y disimular, pero en cada gesto me delataba. Mi voz, ronca y profunda, temblaba y la situación se apoderaba de mí. Mi estupidez sólo me permitió derramar sobre mi camisa el último trago de cerveza que me quedaba. Era la coartada perfecta para huir. Me excusé, me levanté y me fui al baño. Miré el reloj. Sólo habían pasado siete minutos, pero se me hicieron eternos. Cuando salí, ya no estaba allí. Recibí un extraño mensaje en el móvil: “Calle Lope de Vega, 16. Te espero”. El miedo me pudo. Recibí el mismo mensaje durante las cuatro noches siguientes. Nunca me atreví a ir. A la mañana siguiente, con una mezcla de arrepentimiento y desesperación fui a la Calle Lope de Vega 16 convencido de que de no hacerlo, aquella misma noche recibiría otra vez el mensaje. Cuando me presenté encontré una nota en la puerta: “Si has venido a buscarme, ya es tarde. Cogí el primer tren de la mañana en dirección a un destino desconocido”. Agaché la cabeza, di un golpe de rabia en la puerta y me di la vuelta. Cuando me disponía a bajar las escaleras escuché una carcajada y una dulce voz que decía: “La nota es de la anterior propietaria, pero me sirve para que no me molesten”.
La cornada de la polémica
El 11M, el 11S, ETA… Cada vez son más los temas que abren interesantes debates en la red. El ciudadano se está acostumbrando a opinar, pero sobre todo, a criticar. Los últimos en probar las ‘cornadas’ de la audiencia han sido los de Cuatro. Tras una cogida en los San Fermines, un corredor fallece al recibir una cornada en el cuello. La cadena de Prisa, que emite los encierros de San Fermín reivindica la exclusiva con una nota de prensa.
Distintos medios se hacen eco de la noticia. El primero de ellos, la web de la cadena que inmediatamente cuelga el video exclusivo para que todos podamos ‘disfrutarlo’. A la carrera le siguen los diarios impresos, que tanto en su edición digital como en la edición impresa se encargan de destacar la impactante imagen del día. Y es entonces cuando se abren debates paralelos [1] [2] sobre el dudoso uso que se hace de estas imágenes. Máxime cuando la familia emite un comunicado en el que pide cierto control y respeto hacia el fallecido (“¡Ya está bien! Una cosa es informar y otra cebarse”).
Peor es el error que comete lainformación.com. En su portada destacan un artículo crítico con el uso de las imágenes, a la vez que su ‘magnificamente diseñado’ agregador de noticias incluye en portada las imágenes del fallecido. En su blog 223 grados hacen apología de ética periodística y presumen de ser diferentes, ya que ellos no publican la foto en su noticia. Les llueven hostias. En los comentarios se lee de todo. Y ojo a su justificación:
[...] En concreto, la imagen que aparecía en la sección de agregación de vídeos. Nos gustaría aclarar que estas imágenes aparecen en la portada por agregación automática y se da la circunstancia de que en este momento del proyecto, en fase beta, no tenemos herramientas para retirar esos contenidos manualmente. Que no suene a excusa pero, por una vez, la culpa no es de los humanos sino de los robots.
Chapeau. Un humano crea un robot para que trabaje en su lugar, y si falla “es culpa del robot”. Nos lavamos las manos por si acaso.
Por otro lado, y para que no todo sea dar caña, dos ejemplos de cómo hacer lo mismo pero de forma más elegante. El primero La Voz de Galicia, que apuesta por la imágenes clásicas de los encierros. Y finalmente, una portada SOBERBIA, la del Diario de Noticias, que también acompaña a esta entrada. ¿No demuestra esto que se puede mostrar lo mismo sin recurrir a la sangre?
La cuestión sigue siendo la misma: ¿Hay que publicar todo lo que sucede o se debe respetar la intimidad? ¿Se considera esta imagen parte de la intimidad? ¿Se está respetando a la familia?
